A TREINTA AÑOS DE SU ASESINATO, ROMERO VIVE EN LA MEMORIA DEL PUEBLO SALVADOREÑO
MOVIMIENTO DE PROFESIONALES, TECNICOS
E INTELECTUALES DE EL SALVADOR
(MPTIES)
A treinta años de su asesinato, Romero vive en la memoria del pueblo salvadoreño
El Movimiento de Profesionales, Técnicos e Intelectuales de El Salvador (MPTIES), ante el treinta aniversario del asesinato de Monseñor Romero, se pronuncia en contra de la indeferencia manifestada por el gobierno en turno y la incapacidad de los gobiernos anteriores para esclarecer la verdad y aplicar justicia sobre el asesinato de Monseñor Romero. Treinta años después de su martirio podemos asegurar que Monseñor Romero ha cristalizado en la memoria del pueblo salvadoreño y en la opinión pública de la sociedad en general como «el mártir latinoamericano como ejemplo a seguir», el salvadoreño más conocido y el más universalmente querido por personas fuera de la religión católica. Su estatua en la Catedral Anglicana de Westsmenster, Inglaterra es prueba de ello. ¿Por qué de lo anterior? ¿Por pura simpatía suya? No, sino por méritos propios. ¿Cuáles fueron esos meritos? La respuesta es única: Como arzobispo, Romero logró institucionalizar la opción por los pobres en su Iglesia, de forma que la práctica pastoral de su arquidiócesis no fue la suya una vivencia personal meramente individual, sino que arrastró consigo la vivencia comunitaria de toda una Iglesia local. Su posición liberadora no fue simplemente práctica, sino que incursionó a fondo en el mundo teológico dando muestras de una lucidez notable. Sus homilías y escritos ocupan hoy ocho volúmenes y son toda una referencia histórica y teológica. Su discurso como doctor honoris causa por la Universidad de Lovaina es una pieza antológica de la teología de la liberación.
Romero: símbolo emblemático del conflicto con el Estado
Habrá que leer la biografía de Romero para recordar la exasperada tensión del conflicto que vivió el pueblo y la Iglesia de El Salvador con el poder económico y el Estado. De hecho, los años del arzobispado de Romero (1977-1980) fueron años de guerra, no declarada pero real y de crisis económica que hoy es peor. Persecuciones, encarcelamientos, allanamientos, desapariciones masivas, torturas, ejecuciones extrajudiciales, masacres... fueron «el pan nuestro de cada día». El Salvador era el país llamado de «las catorce familias»: la desigualdad social era tan fuerte, que 14 apellidos retenían la inmensa parte de las riquezas del país más pequeño y a la vez más densamente poblado de la América continental. Más de 30.000 fueron los campesinos masacrados en 1932 por reclamar justicia. Mayor fue el número de muertos en la guerra que iniciaba en los días del arzobispado de Romero y que no pudo detener. Si el conflicto ya era máximo de por sí, tuvo un agravante mayor en el involucramiento de EEUU con su decisiva ayuda técnica, militar y económica al gobierno y al ejército salvadoreños en su represión contra el pueblo. Pero no se trataba de un gobierno materialista, comunista, ateo... sino, muy al contrario, un gobierno dirigido por una oligarquía dizque “muy Católica”, para las que muchos sacerdotes y obispos fungían como capellanes. Este Estado católico gobernado por la ultraderecha capitalista y conservadora, se empleó a fondo, con toda su fuerza fascista, en una guerra contra el pueblo salvadoreño para defender su hegemonía y su sistema económico de explotación. Esta represión también fue dirigida contra la Iglesia liberadora. «Haga Patria, mate un cura», fue un lema que hizo célebre la derecha en aquellos días. La persecución emprendida contra la Iglesia de El Salvador podría ser comparada a la llevada a cabo por el imperio romano contra los primeros cristianos. Romero así como Jesús, que fue ejecutado por el poder del Estado y el imperio dominante, Romero ejemplifica el conflicto entre el seguimiento de Jesús en la opción por los pobres y el poder establecido en una sociedad burguesa.
Romero: símbolo emblemático del conflicto con la Iglesia institucional
Romero mantuvo un sentido de Iglesia y una fidelidad a la misma, a toda prueba. Su lema episcopal: Sentir con la Iglesia, definió de principio a fin su identidad más profunda. Aún hoy preside su tumba. Sin embargo, el Romero ya convertido a la opción por los pobres experimentó notables dificultades con la institución eclesiástica superior, la vaticana. Romero sólo conoció los 17 primeros meses del pontificado de Juan Pablo II, pero este corto tiempo fue suficiente para manifestar el conflicto. El primero en intuirlo fue el propio Romero. A los pocos días de la elección de Karol Vojtila (Juan Pablo segundo) como papa, en una celebración con sacerdotes, en Opico, los testigos afirman que manifestó: “Yo tengo temor con este nuevo Papa. Me da miedo que no entienda la realidad de nuestros pueblos latinoamericanos. Él viene de Polonia, viene del otro lado... Y, a saber si le da por respaldar al gobierno de Estados Unidos para combatir el comunismo, pues. Creyendo que así defiende la fe, que así le conviene a la Iglesia”. El tiempo se encargaría de darle la razón, y de hacerle experimentar el conflicto personalmente. Cuando fue a Roma, la Curia vaticana le puso dificultades para concederle entrevista con Juan Pablo II, teniéndola que arrancar él mismo a base de llegar físicamente al Papa en la audiencia general y reclamarla. Se puede decir que el conflicto prosiguió después de su muerte: Juan Pablo II excluyó del programa de su visita a El Salvador la visita a la tumba de Romero, incluyéndola luego imprevistamente y fuera de programa, con lo que por una parte «cumplió» pero por otra no consintió compartir con el pueblo salvadoreño ni su lucha popular ni su devoción por Romero, dejando claro que no la avalaba.
Como MPTIES, qué esperamos treinta años después de la muerte de Romero
A los 30 años del asesinato de Romero y 40 del Vaticano II, ¿las perspectivas sociales han cambiado? También aquí ocurre aquello de que «cuando ya teníamos la respuesta nos cambiaron la pregunta». En lo más profundo del cristianismo y de la sociedad en general las preguntas se han transformado sustancialmente en los últimos años. No podemos en la brevedad de este comunicado entrar a presentar ni a debatir a fondo esta reinterpretación de la significación de Romero al ponerlo en relación la nueva problemática apenas vislumbrada actualmente respecto a la crisis de la religión, pero queremos concluir soltando al aire unos cuantos interrogantes que puedan descubrir caminos de reflexión que la figura de Romero nos sugiere. Son las reflexiones y las preguntas que suscita la celebración del aniversario del martirio de Romero, en un mundo que 30 años después está alumbrando una mutación religiosa epocal, cuya manifestación mayor tal vez hoy día se está dando en Europa, pero que en un mundo mundializado -que en la medida en que lo sea verdaderamente es ya «un solo mundo»-, esa problemática ya no es sólo europea, sino compartidamente mundial. Al igual como lo dice un periódico: “todos los salvadoreños debemos exigir al gobierno en turno que investigue a los autores intelectuales y materiales del asesinato de Monseñor Romero”. El gobierno actual de Mauricio Funes tiene la obligación de esclarecer tal crimen y no esconderse tras una amnistía viciada. Creemos que tras el asesinato de Monseñor hubo una estructura financiera, paramilitar y política que participó en la planificación, del crimen y son los que financiaron, ejecutaron y ocultaron información los que deberían estar poblando las cárceles salvadoreñas.
Hacemos un llamado al pueblo salvadoreño para que este 24 de marzo del 2010, se una en una sola voz para celebrar el día de Monseñor Romero, también para demandar la reapertura de la investigación de su asesinato, exigir la derogación de la amnistía y así juzgar a los culpables del asesinato de Monseñor Romero y de tantos mártires que todavía sus casos continúan impugnes.
“AVANZANDO HACIA EL SOCIALISMO”
Movimiento de Profesionales, Técnicos e Intelectuales de El Salvador
(MPTIES)
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